La mirada Galiani
Cuando pensar demasiado también es un problema
La mente también puede utilizar el pensamiento para no enfrentarse a lo que siente.

Hay personas que piensan antes de dormir. Piensan mientras conducen. Piensan mientras trabajan. Piensan cuando están solas. Piensan cuando tienen que decidir. Y, cuando finalmente toman una decisión, empiezan a pensar si se han equivocado.
"Tengo que dejar de darle vueltas." Lo saben. Pero no pueden parar. Y cuanto más intentan encontrar la respuesta correcta, más preguntas aparecen.
La paradoja es que muchas personas creen que su problema es que piensan demasiado. Pero quizá el problema no sea pensar mucho. Quizá sea para qué están pensando tanto.
Porque pensar puede ayudarnos a comprender, a anticipar, a planificar, a decidir. Pero también puede convertirse en una forma extraordinariamente sofisticada de evitar.
Mientras pienso…
No decido. No actúo. No tengo que asumir el riesgo de equivocarme.
Mientras analizo…
Puedo evitar sentirlo. Puedo retrasar el momento de enfrentarme a lo que realmente ocurre.
Hay personas que no necesitan encontrar una respuesta. Necesitan aceptar que algunas preguntas no tienen una respuesta definitiva. No necesitan pensar más sobre si deberían marcharse. Necesitan tolerar el miedo que aparece cuando imaginan marcharse.
Porque hay una diferencia enorme entre pensar para resolver y pensar para no sentir. Y, clínicamente, esa diferencia lo cambia todo.
La clave
"No todo pensamiento busca una solución. Algunos pensamientos buscan seguridad. Y cuando la seguridad que buscamos es absoluta, nuestra mente puede no dejar de trabajar nunca."

