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Hoy: Liliana Revolledo
Psiquiatra · Galiani salud mental

Pensar es una de las capacidades más sofisticadas del ser humano. Nos permite aprender, anticipar, planificar, resolver problemas y tomar decisiones. Pero esa misma capacidad puede convertirse en una fuente de sufrimiento cuando la utilizamos para intentar controlar aquello que, por naturaleza, no podemos controlar completamente. Hablamos con Liliana sobre la diferencia entre reflexionar, preocuparse y quedarse atrapado en el pensamiento.
¿Cuándo pensar deja de ser útil?
Cuando deja de acercarnos a una solución. Pensar de forma adaptativa suele tener un objetivo: comprender algo, decidir, planificar o resolver. La preocupación repetitiva, en cambio, muchas veces gira sobre los mismos escenarios sin producir una decisión diferente. La persona siente que está haciendo algo porque está pensando muchísimo. Pero, en realidad, puede estar en el mismo punto después de horas.
¿Por qué resulta tan difícil parar?
Porque pensar puede generar una sensación de control. Si estoy preocupado y sigo analizando posibilidades, tengo la sensación de que estoy preparado. El problema aparece cuando la mente interpreta que dejar de pensar equivale a dejar de estar protegida. Entonces aparece algo parecido a:
"Si dejo de pensar en esto, quizá ocurra algo y no estaré preparado."
Y eso mantiene el ciclo.
¿Qué diferencia hay entre preocupación y reflexión?
Una pregunta muy útil es: "¿Este pensamiento me está llevando a hacer algo diferente?" Si estoy pensando cómo resolver un problema y después tomo una decisión, hay un proceso útil. Si llevo una hora imaginando escenarios y sigo sin poder decidir nada, probablemente ya no estamos resolviendo. Estamos intentando conseguir una certeza que quizá no sea posible.
Reflexión útil
Pienso → decido → actúo de forma diferente.
Preocupación repetitiva
Pienso → sigo igual → vuelvo a pensar.
¿Y qué ocurre cuando la persona intenta dejar de pensar?
Muchas veces se produce el efecto contrario. Intentar controlar directamente un pensamiento puede hacer que prestemos todavía más atención a él. Por eso no siempre trabajamos para que la persona "deje de pensar." Trabajamos para que no necesite obedecer cada pensamiento que aparece.
¿Qué sería entonces un cambio real?
Aprender que puedo tener una duda y continuar con mi vida:
- •Puedo sentir incertidumbre y decidir.
- •Puedo tener un pensamiento desagradable sin analizarlo.
- •Puedo no saber qué va a ocurrir y seguir adelante.
- •El objetivo no es conseguir una mente vacía. Es conseguir una relación más flexible con nuestra propia mente.
Una idea final
"No necesitamos ganar todas las discusiones que tenemos con nuestra cabeza. A veces necesitamos aprender a no entrar en ellas."

