Más allá del síntoma
La trampa de buscar una respuesta que no existe

Hay preguntas que parecen razonables:
El problema es que algunas de estas preguntas no tienen una respuesta que nos permita sentirnos completamente seguros. Y ahí empieza el bucle.
Buscamos información. Preguntamos. Analizamos. Recordamos conversaciones. Revisamos detalles. Imaginamos escenarios. Volvemos a preguntar. Y durante unos minutos aparece tranquilidad. Hasta que surge una nueva duda.
Es fácil confundir este proceso con responsabilidad. Con prudencia. Con inteligencia. Con necesidad de hacerlo bien. Pero a veces estamos intentando conseguir algo imposible: certeza absoluta antes de actuar.
Lo que creemos
- •Pensar más nos dará la respuesta.
- •Con más información estaremos seguros.
- •Si analizamos bien, no nos equivocaremos.
Lo que ocurre
- •Aparece una nueva duda y el ciclo vuelve.
- •La certeza absoluta no existe.
- •Necesitamos aprender a convivir con preguntas sin responder.
Esto es especialmente importante porque el pensamiento puede funcionar como una evitación emocional muy sofisticada.
Y ahí aparece una de las preguntas clínicas más interesantes: "¿Qué ocurriría si dejaras de pensar en esto?"
A veces la respuesta es: "Que tendría miedo." Y entonces encontramos algo importante.
Quizá no necesitamos resolver el pensamiento. Quizá necesitamos aprender a estar con el miedo que el pensamiento estaba intentando mantener bajo control. Porque pensar puede dar sensación de seguridad. Pero la seguridad absoluta no existe. Y cuanto más intentamos conseguirla, más dependemos de nuestra propia mente para sentirnos tranquilos.
La clave
"A veces no estamos pensando para encontrar una respuesta. Estamos pensando para no tener que aceptar que no podemos tenerla."

