Dentro del equipo
Hoy: Belén Galiani
Coordinadora Clínica del Área de Psiconutrición y Trastornos de la Conducta Alimentaria

Nutricionista y coordinadora el Área de Psiconutrición y Trastornos de la Conducta Alimentaria de Galiani salud mental, tanto en modalidad ambulatoria como dentro del Centro Terapéutico de Día, integrando el trabajo nutricional con la intervención psicológica y familiar. A lo largo de su trayectoria ha trabajado con adolescentes, jóvenes y adultos que presentan dificultades en su relación con la alimentación, la imagen corporal y el peso, así como con personas que conviven con trastornos de la conducta alimentaria o con una elevada preocupación por el control, la exigencia y la autoimagen.
¿Por qué muchas personas comen sin tener hambre?
Porque muchas veces no estamos respondiendo a una necesidad física, sino emocional. La comida cumple funciones que van mucho más allá de la nutrición. Puede aliviar ansiedad, proporcionar calma, ofrecer una sensación momentánea de recompensa o ayudar a desconectar del estrés. El problema es que muchas personas interpretan esto como una falta de fuerza de voluntad, cuando en realidad suele ser una señal de que algo más está necesitando atención.
¿Qué diferencia hay entre hambre física y hambre emocional?
El hambre física aparece de forma progresiva, admite distintos alimentos y suele desaparecer cuando las necesidades fisiológicas están cubiertas. El hambre emocional funciona de otra manera. Suele aparecer de forma más repentina, está asociada a determinados alimentos concretos y muchas veces continúa incluso cuando la persona ya está saciada físicamente. Además, suele ir acompañada de emociones como ansiedad, aburrimiento, soledad, frustración o cansancio. Aprender a distinguir ambas es una de las herramientas más importantes para desarrollar una relación más saludable con la alimentación.
¿Por qué el verano genera tanta presión alrededor de la alimentación y el cuerpo?
Porque es una época donde aumenta enormemente la exposición corporal y la comparación. Aparecen las vacaciones, la playa, la piscina, las fotografías y las redes sociales. Y muchas personas sienten que su cuerpo pasa a estar mucho más expuesto a la mirada de los demás. El problema es que, en lugar de disfrutar del verano, muchas personas empiezan a vivirlo desde la preocupación constante por su imagen, por lo que comen o por cómo creen que están siendo percibidas. Y eso genera una enorme carga emocional. Hay personas que esperan el verano con ilusión. Otras lo esperan con ansiedad.
¿Qué errores cometen muchas personas cuando intentan «compensar» excesos?
El más frecuente es entrar en dinámicas de restricción. Después de una comida abundante o de unos días diferentes, muchas personas intentan compensar dejando de comer, eliminando grupos de alimentos, haciendo ejercicio de forma excesiva o imponiéndose normas muy rígidas. El problema es que estas estrategias suelen generar más ansiedad, más sensación de pérdida de control y más riesgo de volver a comer desde la culpa. La salud no se construye compensando constantemente. Se construye desde la regularidad, la flexibilidad y el equilibrio.
¿Cómo influyen las redes sociales en la relación con la comida y la imagen corporal?
Muchísimo más de lo que solemos pensar. Las redes sociales no solo muestran cuerpos. También transmiten mensajes constantes sobre cómo deberíamos vernos, comer o comportarnos. Y muchas veces lo hacen desde estándares irreales, filtros o modelos de vida que no representan la realidad. La comparación permanente genera una sensación continua de insuficiencia. Personas que objetivamente están sanas empiezan a sentirse inadecuadas porque comparan su realidad con una versión editada de la realidad de otros. Y eso tiene consecuencias sobre la autoestima, la imagen corporal y la relación con la alimentación.
¿Cuándo deberíamos preocuparnos por nuestra relación con la alimentación?
Cuando la comida empieza a ocupar demasiado espacio mental o emocional. Cuando aparece culpa de forma frecuente. Cuando dejamos de participar en planes por miedo a comer. Cuando nuestra autoestima depende excesivamente del peso o de la imagen corporal. Cuando sentimos que hemos perdido libertad alrededor de la alimentación. O cuando la comida se convierte sistemáticamente en la principal herramienta para gestionar emociones difíciles. No siempre hablamos de un trastorno de la conducta alimentaria. Pero sí de una relación con la alimentación que merece ser revisada y comprendida.
¿Qué significa realmente comer de forma saludable?
Comer de forma saludable no significa hacerlo perfecto. No significa controlar cada alimento, ni vivir pendiente de las calorías, ni eliminar todo aquello que produce placer. Comer de forma saludable implica cubrir las necesidades nutricionales del cuerpo, pero también mantener una relación flexible, tranquila y sostenible con la alimentación. Porque una alimentación saludable no se mide únicamente por lo que hay en el plato. También se mide por la tranquilidad con la que una persona puede sentarse a disfrutarlo.
Y para terminar, si tuvieras que transmitir una sola idea a alguien que lleva años luchando con la comida, ¿cuál sería?
Que deje de preguntarse únicamente qué está comiendo y empiece a preguntarse qué está necesitando. Muchas veces las personas llevan años intentando controlar la conducta alimentaria sin detenerse a entender qué función está cumpliendo esa conducta en su vida. Y cuando conseguimos comprender eso, la relación con la comida empieza a cambiar de una forma mucho más profunda y duradera. Porque, en muchas ocasiones, el verdadero problema no está en el plato. Está en el sufrimiento que estamos intentando gestionar a través de él.

