La mirada Galiani
El problema no es la comida
Lo que la relación con la alimentación nos cuenta sobre nosotros

Hay una frase que escuchamos con frecuencia en consulta: «Tengo un problema con la comida.» Y, sin embargo, muchas veces esa no es la pregunta correcta. Porque cuando empezamos a explorar lo que está ocurriendo, descubrimos que el problema rara vez se limita a la comida. La comida es visible. Es lo que aparece. Lo que preocupa. Lo que genera culpa. Pero con frecuencia no es el origen del malestar.
La mayoría de las personas no llegan sufriendo únicamente por lo que comen. Llegan sufriendo por la relación que mantienen con la comida. Y esa diferencia es mucho más importante de lo que parece. Porque no siempre comemos porque tenemos hambre.
A veces comemos porque estamos agotados. Porque llevamos semanas sosteniendo más de lo que podemos manejar. Porque necesitamos una pausa. Porque estamos solos. Porque hemos tenido un mal día. Porque sentimos ansiedad. Porque necesitamos alivio. O simplemente porque, durante unos minutos, la comida consigue ofrecernos algo que no estamos encontrando en otro lugar.
Y ahí es donde la conversación deja de ser nutricional para convertirse en emocional. Muchas personas viven atrapadas en un ciclo muy repetido: restricción, control, esfuerzo, exigencia, culpa y vuelta a empezar. Intentan resolver el problema controlando más la comida. Más normas. Más prohibiciones. Más disciplina. Más autocontrol. Pero cuanto más luchan contra la conducta, más lejos quedan de entender qué la está provocando.
Porque, en muchas ocasiones, el problema no es la falta de fuerza de voluntad. Es el exceso de agotamiento. No es la falta de disciplina. Es la dificultad para gestionar determinadas emociones. No es la comida. Es lo que la comida está ayudando a regular.
Y esto es especialmente importante en una sociedad que nos enseña constantemente a controlar lo que comemos, pero muy pocas veces nos enseña a entender por qué comemos. Nos preocupamos por las calorías. Por el peso. Por el cuerpo. Por la imagen. Pero rara vez nos detenemos a observar qué función está cumpliendo la comida en nuestra vida emocional.
Porque hay personas que utilizan la comida para calmar ansiedad. Otras para combatir la soledad. Otras para desconectar del estrés. Otras para premiarse después de días extremadamente exigentes. Y otras, sencillamente, porque llevan demasiado tiempo cuidando de todo el mundo menos de sí mismas.
Idea clave
Por eso, cuando hablamos de alimentación desde una perspectiva de salud mental, la pregunta más importante no suele ser: «¿Qué estás comiendo?» La pregunta importante suele ser: «¿Qué está ocurriendo en tu vida para que necesites relacionarte así con la comida?»
Y es ahí donde empieza el verdadero cambio. No cuando aprendemos únicamente a comer mejor. Sino cuando entendemos mejor aquello que estamos intentando gestionar a través de la comida.
Idea final
«Muchas veces la comida no es el problema. Es el lugar donde el problema termina apareciendo.»

