La mirada Galiani
No todo cambio es terapéutico. Y no toda terapia cambia.
Entender lo que te ocurre no siempre transforma: el error de confundir conciencia con cambio real
Entender lo que te ocurre no siempre transforma: el error de confundir conciencia con cambio real
Durante años he escuchado una frase que, a fuerza de repetirse, ha terminado por instalarse como una verdad incuestionable: “Lo importante es tomar conciencia”. Y, sin embargo, la experiencia clínica (la de verdad, la de todos los días) obliga a matizarla. Porque no todo lo que se comprende, se transforma. Y no todo lo que se siente, se reorganiza.
He visto a muchas personas llegar a consulta con una claridad sorprendente sobre sí mismas. Personas que podían explicar con precisión qué les ocurre, de dónde viene su malestar, incluso qué patrones repiten. Algunas habían leído mucho. Otras llevaban años en terapia. Otras simplemente habían desarrollado una gran capacidad de introspección.
Y, sin embargo, seguían atrapadas en lo mismo. Mismo tipo de relaciones, bloqueos, sensación de no avanzar… Es en ese punto donde aparece una pregunta incómoda, pero necesaria: Si ya lo entiendes… ¿por qué sigue pasando? Durante mucho tiempo, el discurso predominante ha sido que el cambio comienza con la conciencia. Y es cierto, pero es solo una parte de la verdad.
Porque la conciencia, por sí sola, no reorganiza la vida de una persona. No modifica automáticamente la forma de responder y no desactiva patrones aprendidos durante años. No construye seguridad interna. La conciencia abre, pero no sostiene.
Y aquí es donde, en mi opinión, se produce una de las mayores confusiones actuales en salud mental: se está confundiendo entender con cambiar. Entender alivia. Explica. Da sentido. Pero no necesariamente transforma. La transformación exige algo más exigente, más estructurado y, en ocasiones, menos inmediato. Exige proceso.
Por eso, cuando alguien llega diciendo “tengo ansiedad”, lo relevante no es solo reducir la ansiedad. Es entender qué función cumple, qué la mantiene, cómo se activa y qué hay debajo sosteniéndola. Y eso no se resuelve únicamente tomando conciencia. Se resuelve interviniendo.
Eso implica varias cosas:
· Evaluar bien antes de intervenir
· Entender el problema en contexto
· Definir objetivos claros
· Ajustar el proceso al ritmo real de la persona
Y, sobre todo, implica algo que muchas veces se olvida: el cambio no ocurre solo en sesión. Ocurre entre sesiones. En cómo la persona aplica, prueba, falla, ajusta y vuelve a intentar. Ahí es donde empieza el cambio real, y ahí es donde la terapia, bien planteada, cobra todo su sentido.
Idea final: “Comprender es necesario. Pero solo cuando se convierte en acción sostenida, se transforma en cambio”.
José Antonio Galiani
Fundador y Director de Galiani salud mental

