Dentro del equipo
Hoy: Noelia Cañamaque Alcón
Subdirectora. Psicóloga Sanitaria. Responsable del Área Infanto-Juvenil
Su trabajo no se limita a la intervención individual, sino que también implica ordenar, supervisar y dar coherencia a los procesos terapéuticos dentro del área infanto-juvenil. Su recorrido profesional ha estado siempre vinculado a la práctica clínica, especialmente en contextos donde el malestar no aparece de forma aislada, sino integrado en dinámicas familiares, evolutivas y contextuales.
¿Qué papel desarrollas dentro de Galiani y qué diferencia este modelo de trabajo?
Además de la práctica clínica, coordino el área infanto-juvenil, lo que implica trabajar no solo con pacientes, sino también con familias y con el propio equipo. Una de las cosas que más cuidamos es que los procesos tengan coherencia. Que no sean sesiones aisladas, sino parte de un trabajo estructurado.
Tu trayectoria está muy vinculada a la clínica. ¿Qué te ha llevado a entender la terapia como la entiendes hoy?
Con el tiempo te das cuenta de que no es suficiente con saber mucho o con aplicar técnicas. Lo importante es entender bien qué está pasando en cada caso. Mi forma de trabajar se ha ido construyendo desde ahí: primero comprender, pero no de forma superficial, sino entendiendo cómo se mantiene el problema en la vida de la persona.
Muchas familias llegan a terapia después de haberlo intentado todo. ¿Qué suele estar fallando realmente en esos casos?
Que nadie ha definido bien el problema. Se han hecho cosas, a veces muchas, pero si no tienes claro qué estás intentando cambiar, todo se vuelve difuso. Por ello, la cuestión esencial es ver que el problema no es solo del niño o del adolescente. Muchas veces hay dinámicas alrededor que están manteniendo lo que ocurre, y eso implica que el trabajo no es solo individual, sino también con el entorno. Y ahí aparecen resistencias, miedo, culpa… porque cambiar no es cómodo para nadie.
¿Qué te sigue impactando después de años de experiencia clínica en infanto-juvenil?
La cantidad de adolescentes y jóvenes que se sienten solos incluso estando acompañados. Personas que llevan mucho tiempo intentando sostener lo que les pasa sin entenderlo del todo, o sintiendo que no pueden compartirlo. Cuando alguien empieza a poner palabras a eso, suele haber un punto de inflexión muy importante.
Si tuvieras que decirle algo a alguien que está dudando si empezar terapia, ¿qué le dirías?
Que no espere a tenerlo todo claro para dar el paso. Muchas personas llegan pensando que primero tienen que entender qué les pasa para poder empezar. Y en realidad, el proceso empieza precisamente ahí, en ordenar y comprender lo que no está claro. No se trata de estar preparado. Se trata de empezar.
Y a alguien que ya ha ido a terapia y siente que no le ha servido…
Que no siempre es un problema de la persona. A veces, simplemente, el enfoque no ha sido el adecuado. Y cuando el planteamiento cambia, el proceso también cambia.
Y, por último, ¿qué has aprendido de las personas a las que acompañas que no te enseñaron en la carrera?
Que la mayoría de las personas son mucho más fuertes de lo que creen… pero también mucho más solas de lo que aparentan. Por eso, cuando alguien por fin puede dejar de sostenerlo todo y empieza a mostrarse tal y como está, sin tener que aparentar, ahí empieza a pasar algo muy importante. No porque el problema desaparezca de repente, sino porque deja de vivirse en soledad y se empieza a intervenir con sentido.

