La mirada Galiani
El problema no es el móvil
Lo que las pantallas están cambiando silenciosamente en nuestros adolescentes

Durante mucho tiempo, el debate sobre adolescentes y pantallas se ha planteado de forma demasiado simple. Cuántas horas pasan conectados. Qué aplicaciones utilizan. Si deberían tener móvil antes o después. Y, sinceramente, creo que el problema real va mucho más allá de eso. Porque no estamos viendo simplemente adolescentes usando tecnología.
Estamos viendo una generación que está aprendiendo a regularse emocionalmente, relacionarse, validarse y construirse a sí misma a través de una pantalla. Y eso cambia profundamente la forma en la que sienten, piensan y se vinculan con el mundo.
Hoy muchos adolescentes recurren al móvil no solo para entretenerse. Lo utilizan para no aburrirse, para no quedarse solos consigo mismos, para escapar de determinadas emociones o para sentir una conexión inmediata cuando aparece el vacío, la inseguridad o la ansiedad.
Cada vez vemos más adolescentes que toleran peor la incomodidad emocional. Que necesitan estímulo constante. Que sienten ansiedad cuando no ocurre nada. Que viven hiperconectados digitalmente, pero profundamente desconectados de sí mismos.
Y esto se vuelve especialmente evidente durante el verano. Porque desaparece gran parte de la estructura externa: horarios, instituto, actividades, rutina, supervisión… De pronto muchos adolescentes pasan horas y horas encerrados en su habitación, alternando TikTok, Instagram, videojuegos o contenido rápido prácticamente sin pausa.
Desde fuera, muchas veces parece tranquilidad. Pero no siempre es tranquilidad. A veces es aislamiento. A veces es agotamiento mental. A veces es dificultad para relacionarse fuera de la pantalla. Y muchas veces es una forma silenciosa de anestesiar malestar emocional.
Idea clave
Quizá el problema no sea únicamente cuánto utilizan el móvil. Quizá la pregunta importante sea: ¿qué está dejando de ocurrir en su vida mientras pasan tantas horas conectados?
Por eso, creo sinceramente que el objetivo no puede ser criar adolescentes desconectados de la tecnología. Eso sería irreal y simplista.
El verdadero reto es otro: conseguir que las pantallas no terminen sustituyendo aquello que un adolescente necesita para desarrollarse emocionalmente de forma sana. Porque el problema no empieza cuando un adolescente usa mucho el móvil. El verdadero problema empieza cuando empieza a vivir más dentro de la pantalla que fuera de sí mismo.
Idea final
«El verdadero problema no es que los adolescentes vivan conectados a una pantalla. Es que, poco a poco, puedan terminar desconectándose de sí mismos.»

