La mirada Galiani
No todos los pacientes responden igual
¿Estamos teniendo en cuenta todas las diferencias?

Hay personas que comienzan un tratamiento y mejoran.
¿Por qué ocurre? La respuesta no siempre es sencilla.
La eficacia y la tolerancia de un medicamento dependen de muchos factores: el diagnóstico, la edad, el estado de salud, otros medicamentos, las características de la enfermedad y las particularidades biológicas de cada persona. Entre esas diferencias hay una que merece cada vez más atención: la genética.
Dos personas que reciben un mismo medicamento pueden procesarlo de manera diferente.
Nuestro organismo necesita absorber, distribuir, transformar y eliminar los medicamentos. En estos procesos intervienen determinadas proteínas y enzimas cuya actividad puede variar, en parte, debido a diferencias genéticas. En determinados casos, esa diferencia puede influir en la concentración del fármaco, su eficacia o el riesgo de experimentar efectos adversos.
Aquí es donde entra la farmacogenética.
Su valor consiste en aportar información adicional que, cuando existe evidencia suficiente, puede ayudar al profesional sanitario a tomar decisiones más ajustadas a las características de cada paciente. Porque la medicina personalizada no consiste en tratar a cada persona de manera diferente porque sí. Consiste en utilizar la información relevante disponible para decidir mejor.
En salud mental, esta perspectiva resulta especialmente interesante cuando se plantea un tratamiento farmacológico y existen motivos clínicos para valorar si la información genética puede contribuir a orientar la elección del medicamento, su dosificación o la interpretación de una respuesta inesperada. La genética no explica todo. Pero, cuando aporta información útil, ignorarla tampoco tendría sentido.
Durante mucho tiempo, la pregunta principal ha sido:
Hasta ahora
«¿Qué tratamiento está indicado para este problema?»
La segunda pregunta
«Dentro de las opciones adecuadas, ¿qué información tenemos para elegir la más apropiada para esta persona?»
Ese cambio de perspectiva es importante. Porque detrás de cada tratamiento hay una persona con una historia clínica, unas circunstancias y una respuesta individual. Y comprender mejor esas diferencias puede ayudarnos a tomar decisiones más informadas.
Idea final
No se trata de encontrar un medicamento para cada gen. Se trata de utilizar la información genética cuando puede ayudar a tratar mejor a una persona.

