Así ocurre en la práctica
Caso real: hombre, 36 años

Llega a consulta diciendo:
"Tengo clarísimo lo que tengo que hacer. Pero en el momento de hacerlo, no puedo."
Sabe que necesita cambiar de trabajo. Lleva meses sintiéndose agotado, frustrado y sin motivación. Ha hablado con amigos. Ha hecho listas de pros y contras. Ha actualizado incluso su currículum. Pero no da el paso.
Cada vez que piensa seriamente en marcharse aparece una cadena de pensamientos:
- •"¿Y si me equivoco?"
- •"¿Y si el siguiente trabajo es peor?"
- •"¿Y si después me arrepiento?"
- •"Ahora mismo tampoco estoy tan mal."
Y vuelve a quedarse donde está.
Lo visible
- •Indecisión.
- •Procrastinación.
- •Exceso de análisis.
- •Dificultad para tomar decisiones.
- •Sensación de estar bloqueado.
Lo real
El problema no era que no supiera qué quería. Lo sabía. El problema era que no toleraba bien la incertidumbre que aparecía cuando tenía que actuar. Mientras analizaba, no tenía que arriesgarse. Pensar le proporcionaba una sensación de control. Decidir implicaba perderla.
La intervención
El objetivo terapéutico no fue convencerle de que cambiara de trabajo. Fue trabajar sobre aquello que hacía imposible decidir:
- •Intolerancia a la incertidumbre.
- •Miedo al error.
- •Necesidad de control.
- •Anticipación de consecuencias negativas.
- •Dificultad para asumir que una decisión puede ser adecuada sin ser perfecta.
Progresivamente empezó a tomar pequeñas decisiones sin realizar el análisis exhaustivo al que estaba acostumbrado. Y ocurrió algo importante. La ansiedad apareció. Pero no necesitó volver atrás.
Qué cambia
Finalmente tomó la decisión de cambiar. Pero lo verdaderamente importante no fue el cambio laboral. Fue haber aprendido algo mucho más generalizable: puedo tomar decisiones sin tener garantías absolutas.
Clave del caso
"No necesitaba saber más. Necesitaba aprender a tolerar aquello que aparecía cuando dejaba de controlar."